domingo, 17 de marzo de 2013

"No te olvides de los pobres"


Esas fueron las palabras del cardenal brasileño Claudio Hummes al futuro Papa, cuando la votación se decantaba por él.

Por eso mismo escogió el nombre de Francisco, el santo de la pobreza y la humildad.

Por eso dijo a los periodistas: Me gustaría una Iglesia pobre y para los pobres.

lunes, 11 de febrero de 2013

Bienaventurado y valiente quien reconoce su incapacidad

“Dios no es indiferente a los actos humanos, sino que penetra en ellos realizando sus ‘caminos’, es decir, sus proyectos y sus ‘obras’ eficaces”. 





“En el mundo de hoy, sujeto a rápidas transformaciones y sacudido por cuestiones de gran relieve para la vida de la fe, para gobernar la barca de San Pedro y anunciar el Evangelio, es necesario también el vigor tanto del cuerpo como del espíritu, vigor que, en los últimos meses, ha disminuido en mí de tal forma que he de reconocer mi incapacidad para ejercer bien el ministerio que me fue encomendado”.

(BENEDICTO XVI)


G r a c i a s   por su testimonio.

sábado, 10 de noviembre de 2012

La vida que nadie quiere vivir




- Dime, ¿qué hacías antes de convertirte en fraile?

- Tuve que aprender a vivir la vida que todos viven.
Pero ahora vivo la vida...
                                           que nadie quiere vivir.

(De la película: Antonio, Guerrero de Dios)

domingo, 1 de enero de 2012

sábado, 19 de noviembre de 2011

Relativo o absoluto

PARA PENSAR:


"...cuando algo es relativo y se demuestra se hace ciencia. Mientras que al intentar mostrar que es absoluto lo que es relativo, se hace política, sociología, retórica y, en última instancia, mentira".

(Villar Palasí, 1922)


- ¿Lo que sea por seguir en la mentira?

- Siempre quisiste ser científico. Ahora lo tienes fácil: demuestra lo relativo.

- ¿Qué hay de relativo en ti que intentas mostrar como absoluto?

lunes, 22 de agosto de 2011

Texto mariano para el verano






Oración del Papa Benedicto XVI a la Virgen

«Madre y Señora nuestra, que per­ma­ne­ciste firme en la fe, unida a la Pasión de tu Hijo: po­nemos en ti nuestra mi­rada y nuestro co­razón.



Aunque no somos dignos, te aco­gemos en nuestra casa, como hizo el apóstol Juan, y te re­ci­bimos como Madre nuestra.



Te acom­pa­ñamos en tu so­ledad y te ofre­cemos nuestra com­pañía para se­guir sos­te­niendo el dolor de tantos her­manos nues­tros que com­pletan en su carne lo que falta a la Pasión de Cristo, por su cuerpo, que es la Iglesia.



Míralos con amor de madre, en­juga sus lá­grimas, sana sus he­ridas y acre­cienta su es­pe­ranza, para que ex­pe­ri­menten siempre que la Cruz es el ca­mino hacia la gloria, y la Pasión, el pre­ludio de la Resurrección».